Último día de curso con Teresa. En el carmel con Marsé y Ruta de autor, por Laia Igual*

El martes 9 de junio todo 1º de Bachillerato del Institut Eugeni d’Ors de Vilafranca, tanto los que estudian letras como los que estudian números, decidimos (y con mucho empeño) descubrir cómo eran los paisajes urbanos que enmarcaron la historia de amor imposible entre Teresa Serrat y Manolo Reyes, el Pijoaparte.

Gracias a Ruta de autor hemos podido contrastar nuestra lectura de Últimas tardes con Teresa (y los espacios que construimos en nuestra mente) con la realidad del barrio del Carmel: las calles empinadas, esa curva de asfalto que tantas veces recorrió Pijoaparte, el bar Delicias, el Tíbet…

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Después de una original dinámica para repartir el material y formar los grupos (el criterio fue el color de nuestras bambas) nos encaminamos hacia el Parc Güell pasando primero por el Cottolengo del Padre Alegre, un espacio de beneficencia fundado en 1940 que atiende a personas con malformaciones graves y sin recursos. Mientras escuchaba hablar a Aymara, nuestra guía, recordé que mi madre me contaba que, cuando era pequeña, iban al Cottolengo a llevar la comida que habían recaudado en el colegio y a cantarles unas cuantas canciones a los internos…

En el Parc Güell leímos la descripción que hacía Marsé de ese lugar y reflexionamos sobre las diferencias de clase tan marcadas que reflejaban las viviendas: el espacio frondoso que diseñó Gaudí frente al monte pelado del Carmel del que hablaba Marsé. Las flores y los mosaicos de las lujosas villas contrastando claramente con las aglomeraciones de las chabolas del Turó de la Rovira (hoy bloques de pisos impersonales y degradados). Pudimos imaginarnos a Teresa, con su Floride descapotable, cuando iba a buscar a Manolo y recorría sorprendida esas calles  olvidadas y sucias. O a Manolo admirando la riqueza vedada de los chalets del Parc Güell.

Seguimos con nuestro paseo por el monte Carmelo, ya un poco cansados. Pero gracias a esa sensación de “agotamiento” pudimos entender el sentido de aquellas largas descripciones de Marsé en la novela que tanto duraban: cuestas, escaleras, carreteras… Caminos del Carmel.

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Y entre motos hablamos de Pijoaparte y su relación con ellas: un objeto de deseo y una posibilidad de huida. Un joven aparece entre la multitud de adolescentes y Aymara, con alegría y un poco de sorna, deja ir un comentario divertido: “Tranquilos… ¡Él no es Pijoaparte y no robará ninguna moto!”. El chico se sube a su supuesta moto y, sonriendo tímidamente, le contesta con un “quién sabe…”.

* Estudiante del Institut Eugeni d’Ors de Vilafranca del Penedès. Junto con sus compañeros de primero de bachillerato, participó en la ruta del Carmelo, realizada el 9 de junio de 2015.